De malestares, superhéroes y cambios de puntos de vista

 



    A través del mismo medio con el cual se contactó para la consulta, el paciente dio conformidad, luego de la lectura del extracto, para su publicación. Considerando que la sesión se produjo en el marco de una ciudad pequeña “quizá” se cambiaron nombres de personas y lugares de trabajo, como también se suprimieron líneas de diálogo de índole personal donde el paciente pudiera ser identificado.


Mariano F. 34 años.

Extracto de una intervención con superhéroes en una única sesión

    Llega a consulta con paso cansino y aspecto desalineado, zapatillas negras con soquetes, pantalón de jean negro sin cinturón y una remera negra con la estampa del Batman de Christopher Nolan de pie con el batimovil a su espalda cubriendo íntegramente la superficie del pecho. El cabello negro azabache cae por debajo de los hombros en forma de coleta amarrado con una fina cintilla también negra que por gracia del fondo resulta casi imperceptible. Su rostro enjuto y con mueca angustiada está tapizado de una barba mal recortada que le sirve como objeto ansiolítico, rascándosela compulsivamente mientras completo la historia clínica y él lee y firma el consentimiento informado.

    Mariano F. me cuenta que no está trabajando, la terapia la paga su novia (es arquitecta). Ha perdido cinco empleos en los últimos dos años, desde mozo de restaurante a vendedor en tienda de electrodomésticos hasta administrativos, porque invariablemente surgen discusiones con sus jefes con los cuales termina peleándose y paso seguido es despedido. Esta es una historia cíclica que determina su vida laboral desde sus inicios. Considera que la gente no lo valora “ni por lo que es ni por lo que hace” y la frase es literal. (No le pregunto ni quien es ni lo que hace) le pregunto quién es “la gente” y me contesta que se refiere a los jefes donde ha trabajado y a su novia, con la que convive desde hace cuatro años en la casa de ella. Relata que “su novia no da valor a la cantidad de cosas que él hace diariamente en la casa, más allá de no poder conseguir un trabajo desde hace 3 meses y de que ella tenga que mantener todos sus gastos” y está absolutamente convencido que esta es la razón por la cual ella lo trata últimamente de mala manera, desacreditándolo y no dándole valor. Agrega que de haber estudiado y de tener un título universitario su vida sería otra y lo respetarían.

    15 minutos de sesión, los clichés que hay que decir siempre de que nunca es tarde para estudiar y bla bla bla y tenemos como realidad de superficie una necesidad de valoración y problemas con el poder (por atrás probablemente haya un complejo de inferioridad que estructura la falta de autoestima y las inseguridades, pero no eran los temas de consulta así que no se me antojo llegar hasta ahí)

    Me incorporo del sillón, salgo del consultorio y vuelvo con dos figuras de plomo, una de Batman y otra de Superman que normalmente adornan junto a otras cuatro docenas de superhéroes de DC la escalera al escritorio y se las doy una en cada mano para que las sostenga (evito de esta manera que se rasque compulsivamente la barba dándole otro ansiolítico u objeto transicional, ahora las recorre con los dedos pulgares reconociendo su textura también compulsivamente al punto que me arrepiento de habérselas dado)

- ¿Cuál te gusta más? -sonriéndole sabiendo que sabe que sé la respuesta-

- Obviamente, Batman, no me gusta Superman -devolviéndome la sonrisa-

- No te gusta Superman -afirmando ya sin sonreír- ¿por qué?

- No se…tiene muchos poderes y me cae mal… -con la vista fija en la figura de plomo-

- ¿Te cae mal porque tiene mucho poder?

- Y si, la única forma de matarlo es con Kriptonita si no es invencible, no tiene gracia…. en cambio, Batman no tiene poderes, solo tiene inteligencia y sabe pelear…. -riéndose y mirándome fijamente a los ojos-

- A ver… vamos a intentar analizarlo entre los dos… voy a empezar yo para que entremos en calor y vemos que resulta, ¿te parece?

- Si, dale… -el gesto era de desconcierto y las piernas que desde un comienzo mantuvo cruzadas con la derecha sobre el muslo de la izquierda se distendieron y separaron abarcando espacio-

- Vamos con Superman, tiene demasiado poder, igual que tienen poder los jefes con los que te peleas, que igual que él te caen mal y te terminan echando justamente por ese poder que tienen… O tu novia que no sé cómo es la relación de poder entre ustedes, pero al mantener la casa económicamente y vos estar sin trabajar me da la sensación de que le estás adjudicando un poder simbólico sobre vos y resulta en que también te cae mal porque no te valora.

(Hago una pausa demasiado larga como para darle tiempo a reflexionar y no lo miro dando unos sorbos a mi taza con té mirando por la ventana, y continúo)

No te valora, pero te intenta ayudar para que estés mejor y para que seas un mejor compañero de ella, por ejemplo pagándote la terapia.

- -Se ríe y deja las figuras sobre la pequeña mesa de madera que está entre nosotros- no lo había pensado así, puede ser… -sin dejar de sonreír-

- A ver, ya que me decís que puede que sea esta la línea correcta de análisis, sigamos con los superhéroes -asiente con la cabeza y se deja caer contra el respaldo del sillón relajándose por primera vez desde el comienzo de la sesión-.

    Tanto Superman como Batman quedaron huérfanos de niños. A los dos se les murieron los padres trágicamente. Uno creció en el campo jugando con sus amigos, teniendo novias en el secundario, hizo todo tipo de deportes y anda por la vida feliz, sonriendo enamorado desde hace décadas de una tal Luisa, y esencialmente jamás se le ocurriría dañar a nadie. El otro se vistió todo de negro, no tiene amigos, anda solo o peor, convive con un adolescente de 14 años llamado Robin que –rescató- de la calle, anda encapuchado y siempre está enojado, se convirtió en un psicópata asesino y tiene una cueva debajo de su casa donde pasa la mayor parte del tiempo como un paranoico mirando a través de monitores buscando venganza por aquellas pérdidas de su infancia. ¿Decime, si vos vivís en el departamento A, quien preferís que viva en el B, Superman o Batman?

- (Ahora es Mariano F. quien hace una larga pausa) Súperman…

- ¿No era que te caía mal?

- Si… pero ahora que lo pienso mejor… nunca lo había pensado así…

- Estás vestido como Batman… -señalándolo con la chistera dando un sorbo a mi taza de té-

- Se ríe fuerte- Nadie me va a querer como vecino…

- O en tu trabajo…. Porque en sí no es la forma de vestir, uno se viste cómo se siente y he ahí el problema. Si sos feliz, ves arcoíris de noche y si no lo sos, te vestís de negro y no ves el arcoíris. Nos gustan aquellas cosas con las cuales podemos identificarnos. -Asiente con la cabeza sin decir nada- Ahora bien, ya que concordamos en este tema, te voy a decir que Batman salva a una ciudad pedorra que se llama Gothan que sería como Campana para la Argentina, sin desmerecer a Campana, a ese lugar se circunscriben sus hazañas persiguiendo villanos sin ningún tipo de superpoder que podrían ser atrapados por cualquier policía de cualquiera de las películas de acción o series que andan por Netflix. Sin embargo, Superman vive en la capital, Metrópolis y salva el mundo entero contra villanos superpoderosos… ¿Me seguís?

- Si -me miraba fijamente con gesto entusiasmado-

- ¿Cuántas veces por año pensás que Superman salva al mundo?

- No sé - Riéndose-

- Ponele 100 veces… bueno…. Cuando termina de salvar el mundo no se posa arriba del obelisco -no necesita subirse porque vuela- y pide un aplauso de los ciudadanos por haber hecho lo que tenía que hacer. Simplemente se quita su ropa, se disfraza de ser humano y se va a su casa a mirar videos por youtube, porque no sé si lo sabías, pero es el único superhéroe que no se disfraza para combatir a los villanos, ya que usa su propia ropa, la que traía dentro de su cuna cuando cayó a la tierra, Superman se disfraza poniéndose anteojos y traje para pasar desapercibido. Igual ese es otro punto que nada tiene que ver con este análisis.

- No sabía -mirando la figura de Superman en la mesita se incorpora a medias y estirando el brazo la vuelve a sujetar dejándose caer otra vez contra el respaldo desbaratándose en el sillón-

- Entonces… si Superman no pide que lo valoren por salvar el mundo 100 veces al año, ¿por qué vos pedís que te valoren por juntar la ropa de la soga?, ¿o por atender correctamente a un cliente en un comercio?, Superman es feliz por hacer bien las cosas que tiene que hacer y con eso le basta. ¿Por qué a vos no te basta?, ¿por qué necesitas la aprobación de otros para hacer lo que tenés que hacer?

(Una pausa de unos dos minutos dentro de la cual termino el té y donde Mariano F. se mantiene inerte mirando la figura de la mano pensando una respuesta)

- No sé por qué lo siento así -subiendo la vista me mira visiblemente compungido, los ojos se le mojan y aprieta la figura de Superman en su mano y yo tengo miedo que la rompa- lo veo mal, está mal… no entiendo por qué hago eso…

- Muy bien, quiero que repases lo que charlamos en esta sesión durante toda la vida y estás de alta -creerán que quería que me devuelva la figura, es verdad-

- ¿En serio?, ¿de verdad no tengo que venir más? -aparentemente confundido-

- Mariano, creo que el problema del motivo de consulta fue detectado y le encontramos una solución. La teoría es esta, ahí afuera -señalándole la calle a través de la ventana- estás solo, yo no estoy, el que tenés que poner en práctica este análisis con solución incorporada sos vos. “No, intentar cambiar” -Agito en el aire los dedos índice y mayor de cada mano sugiriendo comillas- sino realmente Cambiar, aprender a ver las cosas de otra manera. Trabajar este análisis ahí afuera -volviendo a señalar la calle a través de la ventana- en la vida real hasta agotarlo.

- ¿Y cómo se hace eso? -entusiasmado-

- Esto funciona como un bebé cuando empieza a caminar, da dos pasos se cae y llora, se levanta, intenta dos pasos sonriendo y se cae otra vez para volver a llorar y se vuelve a levantar y sonríe y se vuelve a caer y llora y así hasta que un día no se cae más y lo ideal sería que siempre siguiera sonriendo, pero después camina por la vida y deja de sonreír otra vez -me río yo de mi propio chiste- Seguir viniendo a terapia sería hablar de lo mismo y reforzar lo hablado, algo que no tiene sentido. No tiene sentido que gastes dinero en repetir lo mismo como en el día de la marmota… En todo caso, cuando se produzca este cambio, que estoy seguro de que vas a lograr, si necesitas trabajar otro tema que te haga sentir mal, me escribís otra vez por whatsapp y concertamos otro turno.

- Si… pasa que yo creía que la terapia era diferente, nunca pensé que íbamos a hablar de superhéroes, pero lo entendí todo bien, está claro. Tengo que ver las cosas como Superman -sujetándose la remera haciendo la parodia de quitársela, yo aprovecho y estiro la mano para que me devuelva la figura de plomo-.

    Mariano F. hacía 40 minutos que no se rascaba la barba y el gesto de su cara era relajado, Habían pasado 50 minutos, en 15 llegaba otro paciente y yo tenía que hacerme un té. “Solo Dios sabrá”, canta Doris Day.